Book Review: "No somos cazafantasmas" at La República

“His stories could easily fill an entire season of ‘Black Mirror’ and could spark a certain paranoia required for us to start questioning the present world”—Michael Machacuay

 

Nuestra memoria es una máquina de la cual no podemos fiarnos. Foto: La República

Nuestra memoria es una máquina de la cual no podemos fiarnos. Foto: La República

CULTURAL

Juan Manuel Robles: El poder político genera las mayores distorsiones de la memoria

Nuestra memoria es una máquina de la cual no podemos fiarnos. Esta reflexión se deduce del libro ‘No somos cazafantasmas’ de Juan Manuel Robles, una obra que recula entre lo distópico y, por defecto, crea historias asombrosas que invitan al lector a desconfiar de la tecnología, del futuro.

Redacción: Michael Machacuay

27 Sep 2018 | 9:30 h

Imaginemos el futuro. En unos años será “normal” pagar una tarifa por acceder al río de recuerdos de tu vida. Cederemos a la tecnología la capacidad de distorsionar nuestros recuerdos. Exploraremos nuevas formas de comunicación mental que terminarán por deshumanizar el contacto con nuestra identidad. Estamos asistiendo al deterioro de la memoria.

‘No somos cazafantasmas’, obra de Juan Manuel Robles, ensaya esta y otras posibilidades del futuro presente a través de la exploración de la memoria intervenida por las nuevas tecnologías. Sus cuentos, que fácilmente pueden alimentar una temporada de ‘Black Mirror’, pueden estimular la paranoia que necesitamos para desconfiar de la realidad que se nos presenta.

‘No somos cazafantasmas’ es una prolongación de tus obsesiones en ‘Nuevos juguetes de la guerra fría’

De alguna manera sí. Algunas de las obsesiones que saqué de ese libro pretendía y comenzó siendo una exploración de una infancia parecida a la mía, pues hubo mucha, digamos, de retorno literario al momento de una infancia que yo había vivido. Es la historia de un niño que está en los años 80 en una escuela cubana, escuela comunista en medio del Altiplano, en La Paz (…), pero yo al hacer este trabajo de recordar y de comenzar a poner en palabras eso que recordaba, me di cuenta que lo que yo estaba haciendo en realidad lo tenía que incluir de alguna manera en algo de lo que me estaba dando cuenta, es que muchas de las cosas que recordaba no habían pasado tal como yo creía. Había una profunda distorsión en muchas de las cosas que, digamos, me pasaba a mí al recordar y le pasaba al narrador al recordar. Entonces, me pareció importante cómo explorar esa distorsión, explorar la memoria personal como tema. (…) Esto me acercó a temas que tienen que ver cómo recordamos a un nivel científico, a un nivel de neurociencia, una serie de procesos que se investigan en estos tiempos.  (…) Esa obsesión por la memoria en algunos temas que surgieron comenzaron a aparecer en la novela y luego comencé a pensar una serie de relatos más cortos que mostraban una de estas posibilidades, obsesiones, y, bueno, de ahí salió. Sigo reflexionando sobre la memoria, fascinándome con las posibilidades de distorsión de la memoria que tenemos.

¿En qué momento haces protagonista de esta distorsión de la memoria a la tecnología?

Supongo que durante la novela me di cuenta que. Digamos, en la novela lo que vamos viendo es que el poder es el que genera, el poder político, digamos, es el que genera las mayores distorsiones de la memoria de las personas, estos relatos poderosos, oficiales, de la historia, pueden generar que nuestros propios recuerdos se vean distorsionados. (…) Esos relatos a mí me parecía que el poder los manejaba, sabía cómo. También me pareció interesante ver cómo es que la tecnología gestiona esta distorsión. Podemos decir eso, que la tecnología gestiona la distorsión de nuestros recuerdos, que es posibilidad mental muy clara. Nosotros tenemos recuerdos falsos, distorsionados, la pregunta es si los tenemos es porque alguien los puede gestionar de manera conveniente. Yo creo que en eso se va volviendo la tecnología, lo que jugué en este libro es qué pasaría si esto se hiciera más consciente, más juguetona, cotidiana, sistemática. Es un poco de donde parten algunos de los cuentos.

¿Como sociedad estamos preparados para ceder estas funciones, como la memoria autobiográfica, a la tecnología?

No lo sé. Digamos, es difícil para cualquiera y es difícil para un escritor decir si la sociedad está preparada. La humanidad se adapta a muchas cosas, se ha adaptado a muchos avances tecnológicos, pero lo que sí es interesante para nosotros es fantasear cómo va a ser esa adaptación (…). Me parece interesante, por ejemplo, ver a los que tenemos un pensamiento más cauto. A la mayoría de gente le parece bien que Facebook comience a mandar memorias de hace 10 años, hace 5 años, entonces, lo que a mí me genera es, digamos, cuánto dejamos abandonadas estas supuestas memorias que tenemos garantizadas, cuán abandonadas podemos dejarlas para que una máquina con ciertos parámetros nos envíe información que nos genera un momento grato, de nuestro propio pasado. A personas como yo eso le parece muy invasivo, yo tengo desactivadas todas las funciones de memoria de Facebook, el único curador de mi memoria autobiográfica soy yo. (…) La memoria autobiográfica siempre es un esfuerzo, siempre revisar tu película pasada, el material que constituye tu identidad, es una chamba; entonces, si tú tienes 40 mil fotos y tienes la posibilidad de delegar la organización a una máquina lo vas a hacer. Sobre todo, si es una máquina que ahora promete cosas como cuidarte que no salgan cosas desagradables, personas que pueden dolerte. (…) En esa literatura lo que inquieta más es esa paz aparente, esa especie de convivencia pacífica entre maquinas que nos ordenan la existencia, la autobiografía, y nosotros que miramos eso con cierta fascinación…

Facebook podría haber asumido una falsa responsabilidad de mantener la armonía en la comunidad con “buenos recuerdos” …

Totalmente. No hago ninguna crítica al respecto, simplemente me pregunto en qué momento vamos a confrontar la versión, llámese Facebook o algún algoritmo, que tiene de nosotros mismos. ¿Vamos a hacer esa confrontación? O vamos a pensar que ‘esto es super inteligente’, ‘es una tecnología’, ‘sabe cuáles son nuestros mejores momentos’. No creas que no, para qué vas a pasarte mirando 20 mil fotos, o 5 mil fotos, si ya las máquinas lo hacen. La duda es esa, vas a hacer la confrontación o no, ¿te sirve para algo hacer la confrontación? (…) Lo interesante de esto es como nuestra memoria no es estable todas estas estrategias termina convenciéndote de una narrativa que no necesariamente es la real. Sabiendo que nosotros distorsionamos mucho, que nuestra mente está hecha para distorsionar recuerdos, porque su finalidad como seres pensantes no es almacenar recuerdos exactos, sino más bien almacenar recuerdos vívidos que nos den una idea de cuál es nuestra identidad. (…) Es interesante que las tecnologías aprovechen algo que siempre ha estado en nosotros que es esta capacidad enorme de distorsión de los recuerdos.

Esta calificación de pensamiento “cauto” que has usado para desconfiar de las virtudes de la tecnología alimenta alguna paranoia que, a final de cuentas, solo es otra forma de ver la realidad…

La paranoía puede ser un término de propaganda, un término de los que prefieren no ver ciertos problemas, dicho a quien siempre quiere ver algo como un problema. Quien no ve algo como un problema va a llamar a quien sí ve el problema paranoico. Esto se puede ver en muchos aspectos. Decía esto de la paranoia porque finalmente ponerse a ser consciente de algunas de las cosas que hace la nueva tecnología —también nuestra propia capacidad de distorsionar recuerdos— pues nos puede llevar a ser exagerados. Los escritores somos exagerados. Digamos, la paranoia del escritor que hace un libro como ‘No somos cazafantasmas’, como en mi caso, podría traducirse en la exageración sentimental de ciertos escritores realistas, o sea, simplemente tú eres más sensible a la hora de escribir. Es por eso que los escritores se vuelven narrativas de personajes hipersensibles, hipocondríacos, que son como dramaqueens. La literatura también es jugar a exagerar. En esta plataforma que me ha tocado vale que la conciencia venga en forma de paranoia. La paranoia es una forma de interpretar que hemos tomado conciencia de algo, y, claro, yo también decía eso, mientras uno está pensando en ciertas cosas, por ejemplo desactivando los recuerdos de Facebook, los otros lo viven como lo más normal del mundo, es más, es una ayuda y probablemente tengan razón. (...) Prefiero ser paranoico porque es una forma de reflexionar, de utilizar tu pensamiento crítico, es una forma de ser exagerado. 

“Memorias de la china” precisamente te invita a reflexionar de los hechos que vamos olvidando, acontecimientos históricos que la nueva generación termina bloqueando o, en su defecto, permitiéndolo...

No creo sea culpa de las redes, en ese cuento en particular lo que está allí es una cosa muy humana, que es el olvido. El olvido es nuestra condición, es nuestra forma de salir adelante, siempre, es nuestra naturaleza... la memoria es un esfuerzo y requiere un proceso conciente, un esfuerzo dirigido desde cierto poder. Si ese esfuerzo desde cierto poder no se da, cualquier memoria, cualquiera se pierde. Nosotros sabemos que esto es el Perú y que vivimos en un territorio con determinadas circunstancias que nos vamos transmitiendo de generación en generación, pero sin ese poder, esa persistencia de la educación, de los medios, nosotros perderíamos totalmente eso, ¿no? Es lo que nos salva de ser zombies desorientados. (...) Savater decía que memoria es lo contrario a la historia, porque la memoria está condenada a acabarse, a extinguirse de manera orgánica, en cambio la historia es ese discurso que se genera consientemente y tiene como intención quedarse en alguna parte y ser transmitido. Lo que se hace en el cuento es ver las posibilidades del olvido absoluto como condición de nuestra realidad, y, bueno, me parece interesante que el único personaje que tenía la memoria conservada, vívida de este hecho importante perdió por un accidente la capacidad de generar nuevos recuerdos. (...) Simplemente nos vamos a olvidar de algo que no hacemos el esfuerzo por recordarlo. Y, por su puesto, uno lo que se da cuenta al investigar esos temas es que si tú no tienes esa disciplina de recordar algo, eres más susceptibles a las distorsiones. 

Esa impresión puede explicar un poco la metáfora de “Elefantes blancos” cuando los amigos están sobrevolando La Paz...

Sí, yo creo que hay algo de eso, creo que finalmente... lo que pasa es que hay tantas formas de evadir un recuerdo, probablemente ‘Elefantes blancos’ es el cuento más clásico de los que hay en este volumen, es el modelo clásico de la memoria que es un fantasma que viene por ti y tú lo has evadido, pero está ahí... pero, hay gente que evade y, pero a pesar de evadir, nunca puede quitarse de la cabeza lo que hizo. Hay gente que no necesita evadirlo, simplemente se va. Hay gente que convive con los recuerdos, hay gente que olvida, esto es súper interesante. Pero por supuesto la evasión también es una forma de borronear ese recuerdo. Como este personaje, no quiere ver lo que ya está en su cabeza. Entonces podemos llegar a ese punto en que no podemos ver algo que finalmente pasó de una manera siendo nosotros concientes de ello. (...) También me interesó esta idea, que también éste presente es nuestro futuro en algún momento, el momento que viven estos jóvenes del futuro imaginado en el presente. La nostalgia tiene que ver con ese momento feliz en que el futuro podía hacerlo todo. El futuro era alucinante, el futuro era el momento maravilloso en que esperabas cualquier cosa y, por eso, el viaje al pasado siempre está relacionado con la idea de que tú estás hablando desde el futuro.

¿Qué cuento elegirías de los que contiene ‘No somos cazafantasmas’ para alimentar una temporada de ‘Black Mirror’?

No podría ser tan pretencioso, es una serie muy exitosa. A mí particularmente me gustan los capítulos de la primera temporada. No podría decir sin ser tan pretencioso (al elegir un cuento para la serie). Particularmente creo que si en alguna historia hay un diálogo con Black Mirror yo creo que podría ser de alguna manera ‘Maqueta a mano’ o ‘Constelación nostalgia’, pero no lo sé, son construcciones demasiadas científicas para ponerlos así. Además, Black Mirror tiene un contenido moral muy explícito, tiene ese asunto de la dimensión desconocida (...).

‘No somos cazafantasmas’ alista una nueva edición en Colombia, cómo va ese proyecto

Esta saliendo una edición allá en enero, de la editorial Seix Barral. Eso me parece muy interesante, tú sabes que los escritores latinoamericanos es difícil que nos leamos entre nosotros, que lleguemos entre nosotros mismos. Hay como esta centralidad de España, primero la cosa tiene que llegar a España para luego de ahí llegar a otros países de América Latina. Yo creo que eso está cambiando y ahora hay como más interés en los autores y que puedes publicar en el Perú y ser publicado en Colombia, derrepente en Chile, eso le hace muy bien a la literatura. Y me parece interesante también que se haya hecho con este libro... yo para hacer este libro me di cuenta de algo, qué preguntas interesantes, qué experiencias asombrosas puede hacerse leer a un lector menor de 35 años o menos de 30 años. No es que me planteara ese objetivo, pero si me he dado cuenta de muchas de las cosas que se han hecho, la literatura ha tenido un componente en los últimos tiempos de seriedad, como que ‘vamos a hablar de la historia del Perú’, ‘vamos a hablar de la verdadera historia del Perú’, ‘vamos a reflexionar sobre la memoria’, y esto, digamos, me incluyo ahí porque mi libro fue puesta en esa vitrina... y por eso es que esos libros son los que hablan los opinólogos, intelectuales, y me parece bien, pero creo que —y a eso iba— lo que demuestran fenómenos como el de Netflix es que necesitamos pues las fantasías narradas. (...) Me parece que podemos los escritores ponernos a imaginar un poco, ahí también surgen los temas importantes —entre comillas—, pero creo que la mayor parte, la mayor chamba de un escritor, es fantasear mundos y ser asombrosos. (...) La ficción peruana podría abrirse un camino muy rico si podemos abrir un frente por allí, que es lo que he tratado de hacer.