Juan Manuel Robles interviewed at Página Siete

A humorous approach to exploring "ideological memories"“ — María José Ferrel


Juan Manuel Robles trae una obra inspirada en su niñez en La Paz

El autor presentará su novela Nuevos juguetes de la guerra fría. El libro, destacado por la crítica en Perú, fue publicado en España por la editorial Seix Barral.

CULTURA, miércoles, 31 de agosto de 2016 · 00:00

María José Ferrel / La Paz (*)

El escritor  y cronista peruano Juan Manuel Robles presentará  su primera novela Nuevos juguetes de la guerra fría, en  la XXI  Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL). La obra, en la que comparte su proximidad con Bolivia,  fue  publicada  en España por la editorial Seix Barral.   

En  Perú, la crítica  calificó su obra  como una de las novelas más ambiciosas de los últimos años y las librerías Nollegiu, Tipos Infames y Nakama/Lib de España, la han incluido en sus recomendaciones de lectura.

 Como cronista, Robles, uno de los invitados de honor de la FIL paceña,  fue nominado al Premio Fundación Gabriel García Márquez en el 2008 y aunque muchos le reclamen que permanezca más activo en el género, él optó por lanzarse de lleno a la ficción.

La novela Nuevos juguetes de la guerra fría  nació de una experiencia personal  de Robles. Sin embargo, el autor aclara que esto no quiere decir "que sea un libro de no ficción disfrazado”.

Cuando Robles tenía seis  años su familia emigró a Bolivia, ya que su padre trabajaba como corresponsal de prensa Latina, en la agencia oficial de noticias de Cuba. En La Paz, estudió  en la Escuela que la Embajada de Cuba tenía para los hijos de los diplomáticos, en la propia sede diplomática, en el barrio La Florida, ubicado en la zona Sur. "Entonces me volví un pionero: pantalón rojo, camisa blanca, pañoleta. Un pionero cubano extraviado en el altiplano de Bolivia”, recuerda.

 La escuela se llamaba "El guerrillero heroico” y durante años siguió el programa de educación oficial de Cuba y aprendió sus emblemas revolucionarios. Era el último tramo de la Guerra fría y la utopía era conquistar nuevos territorios. 

Después de unos años la famosa escuela cerró con la crisis, poco antes de la caída del Muro de Berlín.  "Años después, cuando volví a Perú, me di cuenta de que cuando contaba sobre mi niñez de pionero comunista mucha gente quedaba encantada, así que me pareció que el tema daba para una novela”, explica.

¿Por qué decidiste emprender el camino hacia la ficción después de haber empezado tu carrera con éxito en la no ficción? 

En mi caso, son inquietudes estacionales. Lo que uno aprende escribiendo es a crear una ilusión de verdad. Lo interesante es que eso ocurre tanto si haces ficción como si haces no ficción. En la crónica, como en la ficción, aprendes a instalar atmósferas, a acelerar o a desacelerar el tiempo, a describir lo que tus ojos ven. Lo que me gusta de la no ficción es que, al descubrir una parte del mundo, se puede trabajar con una verdad que tiene un grado de credibilidad altísimo. Eso permite volver al momento del arte en el cual la palabra valía mucho, ser un viajero que retorna y cuenta las cosas que vivió, que te revela el mundo por primera vez (por eso el prestigio de un periodista se cimenta en su rigurosidad y en la garantía de que no miente). 

La ficción, y específicamente el género de la novela, permite ver la evolución de una mente, cómo esta procesa la vida. Y allí el poder no recae en lo verdadero —lo que asombra de la historia—, sino en lo poéticamente contundente, digamos. En la verdad filosófica revelada. Pero ambas formas usan el arte de la ilusión sensorial. 


¿En qué proyectos trabajas  en  este último año? 

Hace unos meses escribí una crónica para un libro que prepara la cronista argentina  Leila Guerriero. Es la historia de un grupo de científicos y sus esfuerzos, creativos y alucinantes, contra un mal endémico en países como Perú y Bolivia, la tuberculosis. También estuve escribiendo algunos cuentos, con ciertas ideas sobre la memoria y el olvido, que me quedaron dando vueltas después de la novela.


¿Qué le interesa contar a Juan Manuel Robles en este momento de su carrera después de la buena acogida de Nuevos juguetes de la guerra fría?

Pues esa pregunta va contestándose sola, aunque aún no creo que tenga una respuesta definitiva. Mi primera novela fue sobre cómo la memoria personal determina la identidad, y cómo su maleabilidad —la implantación de falsos recuerdos— es parte de un proceso más o menos común en nuestra construcción vital. Lo que estoy tramando ahora tiene que ver con el espacio, la obsesión de alguien con el espacio y los mapeos.

Sobre  Nuevos juguetes de la guerra fría y su capítulo El Che viendo la TV, ¿Cuál es tu  mirada sobre todos estos "recuerdos ideológicos” que traes de vuelta hoy? Ciertamente el Che y los revolucionarios cubanos siguen siendo, hoy en día, un alto referente simbólico en la política oficialista boliviana ¿Qué opinas al respecto?

Bueno, eso se debe a que la revolución cubana fue el producto de exportación cultural más importante de la isla en el siglo XX. Fue una marca provista de narrativa, que se exportó en toda América Latina como franquicia. Incluso en algún momento Cuba dijo cómo se debía y cómo no se debía hacer la guerrilla y la revolución. Los emblemas del Che fueron la iconografía de esa industria cultural de objetivos políticos. 

Gobiernos de izquierda actual toman el poder de esos emblemas, que transportan inmediatamente a muchas personas a un mito de fundación muy poderoso. El ideario y el programa de esos revolucionarios no existe más ni siquiera en Cuba, pero usarlos —y tener la bendición de La Habana— funciona como un legitimador; el equivalente del sello de autenticidad de los productos de las grandes corporaciones de la industria del entretenimiento. Eso lo descubre Iván Morante, el personaje de mi novela: decir que fue pionero comunista cubano en 1985 es un capital que puede dar réditos en un mundo de imposturas. 


 ¿Conoces cuál fue la reacción de tus lectores, ante el humor e irreverencia que tienes al momento de describir o comentar a los iconos revolucionarios de Latinoamérica a través de tus recuerdos, o bueno, los de Iván Morante? El capítulo en el cual HeMan es descuartizado como si fuese Tupac Amaru, por ejemplo.

Ha sido muy interesante. Porque todos se dan cuenta de algo que yo también vi al escribir el libro: que las figuras de acción gringas y los héroes de nuestros estados nacionales nos fueron insertados en la infancia y en la memoria de una manera más o menos totalitaria. No nos pidieron permiso, esos relatos están en nuestra memoria sentimental. Y claro, lo gráfico de un príncipe con esteroides que gracias a una espada se vuelve un guerrero semidesnudo es equiparable a lo gráfico del relato en el que un guerrero es capturado y unos caballos le quitan todos los miembros. Eso está en nuestra identidad, juguetonamente, como lo está el sabor de la Coca-Cola y el de la Papaya-Salvietti, fijados por asociación con anécdotas emocionalmente relevantes. 


Saldaña, Cuba y el Granma. ¿Cómo surge la idea de crear a un personaje tan oscuro y obsesivo con el pasado de otra persona en el afán de reescribir la historia?

Saldaña tiene una teoría conspirativa acerca de los restos óseos del Che Guevara y su paso, secreto, por la embajada de Cuba en La Paz con destino final en La Habana, justamente durante el mismo tiempo en el que Morante era pionero.

No sé, creo que es un tópico de las novelas de espías y su interacción con Iván Morante me pareció exquisita. Es el típico hombre que usa la abundancia de información para encontrar nuevas narrativas, a tal punto que realmente cree que puede saber más de la vida de alguien que esa misma persona conoce. En un momento del libro, el narrador dice: "Así pasa a veces: la historia expropia lo que creíste tu vida íntima”. Esa arrogancia histórica es la que tiene Saldaña.


(*) Es periodista.

 

HOJA DE VIDA

  • Vida  Nació  en Lima, 1978. 

  •  Obra   Publicó el libro de perfiles Lima Freak.  Vidas insólitas en una ciudad perturbada (2007).

  • Carrera  Sus reportajes y relatos han aparecido en importantes antologías de no ficción de la región  y en  revistas  como  Letras Libres,  Etiqueta Negra y otros.