Nuevos juguetes de la Guerra Fría - Caretas

Interview with Juan Manuel Robles on the new Peruvian narrative

Novela será presentada en España este mes. Cuenta con auspiciosos comentarios de Antonio Muñóz Molina.

Novela será presentada en España este mes. Cuenta con auspiciosos comentarios de Antonio Muñóz Molina.

Por: César Prado

Novela de Juan Manuel Robles será reeditada en España por el sello Seix Barral.

Nuevos Aires

El escritor Juan Manuel Robles celebra la edición española de su primera novela Nuevos juguetes de la guerra fría (Seix Barral, 2016). Buena ocasión para plantearle algunas preguntas sobre la nueva narrativa peruana, el recurso de la memoria y el, por momentos, desvanecido pacto de la ficción. CARETAS habló con él.

–Si bien es cierto que la participación de los escritores se acaba con el libro hecho, da la impresión de que cada vez más los autores están comprometidos con el marketing.
–Hay algo que uno aprende del marketing y de la publicidad: la persistencia. Persistencia es memoria y memoria es compra. Nos olvidamos que nuestros hermanos mayores, los que están en una generación más grande, vivían en un contexto en el que todavía se invitaba a los escritores a la televisión. ¿Y eso qué es? ¿Eso es situarte nada más en el campo cultural absolutamente puro?

–Nuevos juguetes de la Guerra Fría ha salido bien librada de la crítica. ¿Ese es un estímulo para seguir escribiendo o más bien una experiencia paralizante?
–Yo soy un tipo poco emprendedor, sin embargo cuando escribí la novela y la publiqué, quedé con ganas de hacer muchas cosas. Con ganas de reescribir algunas frases de la novela, de añadir cosas. Yo vengo de la no ficción, de la crónica, y he aprendido que es posible aprender a escribir de nuevo y sí tengo que hacerlo de nuevo, lo haré.

–Tú hablas de añadir, pero tus críticos hablan de quitar…
–Es una novela en la que las dos primeras partes te preparan para las que vienen y, quizá, cuando tenga más oficio en esto, me dé cuenta de que podía acortarse un poco. Pedir que hubiera tenido menos páginas, me parece un acto de flojera. Una flojera de que “no quiero leer más”, preferir algo porque es más chico.

–Hay muchos lectores que dicen: “Si voy a leer una novela que tiene seiscientas páginas, mejor que sea Guerra y Paz. ¿Eres consciente de eso? 
–Pero, por ejemplo, Libertad, de Jonathan Franzen o Infinite Jest, de David Foster Wallace, tienen 500 o 600 páginas, y son novelas canónicas. Recientemente se ha visto, gracias al Kindle, cuántas personas leen completas esas novelas. Casi nadie lo hace. Hay también una cuestión de que hay constructos culturales que no se necesitan completar para que tengan existencia y referencia.

–Francisco Ángeles dijo a CARETAS que la memoria no te cura de nada, a propósito de las novelas que utilizan ese recurso. La mayor constatación sería que Keiko Fujimori tenga aspiraciones a la Presidencia de la República…
–Habría que preguntarse, primero, si existe una verdadera arquitectura de memoria colectiva. Si ha habido cuatro museos de la memoria funcionando desde hace 10 años, formando ciudadanos. Eso creo que no se ha dado. Si el ser humano de algo tiene capacidad, es de volver a dar sus mismos pasos siempre. Finalmente, la memoria se vuelve también un recurso disponible, un souvenir, un disfraz, un vestuario. Está en el buen arte o mal arte usarla bien o mal.

–¿En qué lugar ubicas a Cinco esquinas, la última novela de MVLl?
–Creo que, como escritor, Vargas Llosa está más allá del bien o el mal. En este caso hablamos de escritores que han bebido de esto para hacer o ganar algo.