Destinos errantes - La Panera

"Jeftanovic displays her talent in these literary destinations that resist genres" —Nicolás Poblete Pardo

 

Ilustración de Rodrigo Díaz

Ilustración de Rodrigo Díaz

Los senderos de Andrea Jeftanovic

La escritora chilena presenta «Destinos errantes», su última publicación, un volumen que destaca por su introspección y profundidad. Además, este año, «Escenario de guerra», su primera novela, será traducida al inglés por Charco Press (en Inglaterra) y reeditada en español en Cuba, España y Argentina. Y su volumen de relatos «No aceptes caramelos de extraños», será llevado al portugués por la editorial brasileña Mundareu.

Por Nicolás Poblete Pardo

«Destinos errantes» es la última publicación de la prolífica escritora y académica Andrea Jeftanovic. La socióloga y doctora en literatura por la Universidad de Berkeley, suma este volumen a otras publicaciones de ficción («Escenario de guerra», «Geografía de la lengua», «No aceptes caramelos de extraños») y también a investigaciones que han tomado la forma de ensayo, colecciones y entrevistas: «Conversaciones con Isidora Aguirre», «Hablan los hijos», o la monumental compilación (realizada junto a Beatriz García-Huidobro) en la que seleccionó, con un impecable trabajo de curatoría, a los principales narradores chilenos actuales: «.CL».

En su nueva entrega (ya editada en España por editorial Comba en 2016) y acogida por la editorial Tajamar para el acceso del público chileno, Jeftanovic ofrece un conjunto de narraciones que resisten los géneros: son crónicas, son ficciones, son testimonios, son encuentros y reencuentros literarios y geográficos; son reflexiones sobre el viaje en sus múltiples variantes, como extinción, como renovación, como posibilidad de contactar con un otro. En estas narraciones vemos el talento de la escritora desplegado en destinos literarios, como la bella pesquisa tras los pasos de la gran Clarice Lispector, y también en destinos políticos y humanitarios, como el que desarrolla en «El círculo íntimo palestino-israelí». Haciendo referencia a diversos campos de estudio, así como a un sinfín de referentes artísticos provenientes del cine, la literatura, las artes visuales, Jeftanovic construye un volumen que destaca por su sensibilidad y su percepción que le permite asir los espacios por los que circula y las personas (más allá de sus personificaciones) con las que contacta.

Una de las cosas que llama la atención de «Destinos errantes» es el peculiar tono que consigues y que impide categorizar como registro estas “crónicas”. Háblanos de la forma en que concibes esta idea al momento de organizar tus escritos.

“Estos textos oscilan entre varios géneros que fui pensando: la crónica de viaje, el relato de ficción, el diario de vida o la bitácora de viaje, el diálogo con las referencias literarias y ciertos eventos históricos. Cada vez me interesa más tensionar los géneros convencionales, creo que es algo que he ido experimentando desde siempre. Por ejemplo, mi primera novela, que es narrativa dentro de formas teatrales, y en otra que era novela ensayo. Y también lo experimenté en un libro que era entrevista, testimonio y diario de artista con Isidora Aguirre”.

“Ahora, la literatura de viaje es el género donde entra todo: historia, geografía, arqueología, arquitectura, urbanismo, archivos, diario íntimo. Y, a su vez, me interesó tensionar lo vivido y lo imaginado. Apuesto por la literatura como esa posibilidad de habitar muchas dimensiones, y a problematizar la noción de realidad, que no es una noción limitada, porque también habitamos lo onírico, lo inconsciente, la memoria colectiva, la personal, un imaginario”.

–En tu relato destacas aspectos del viaje que contrastan con la noción turística con la que generalmente se embauca al grueso de la gente, a la que se la ha inoculado la noción de viaje como entretenimiento banal.

“El lema del libro es ‘He viajado lejos para resolver lo más íntimo en cuartos ajenos’. Es raro, pero quise pensar el viaje como una zona liminar, como un viaje simbólico a las raíces; el rastreo de referencias literarias, datos históricos... una zona liminar entre el espacio público y la instancia subjetiva. Y, además, me interesó trabajar con los archivos físicos que se generan en los viajes (mapas tachados, fotos de aficionada, apuntes). Evidentemente, esto ya se ha hecho desde hace siglos, por ejemplo, en los expedicionarios del siglo XIX. Lo hizo W.G. Sebald y tantos más, pero el viaje es siempre una ruta personal que nadie más puede repetir”.

“Muchas veces sentí que estos viajes eran un proceso interno de reconocimiento de herencias familiares y literarias, para liberarme, en parte, de mis orígenes, aunque pareciera paradojal. Y no sólo se trata de orígenes familiares, sino literarios, imaginarios. Además, quise explorar la idea de escribir como una actividad que incluyera lo físico porque se asocia tanto a estar sentado, inmóvil. Como dice Rebecca Solnit: ‘Viajar tiene algo de pensar caminando’. Escribir implica desplazarse, caminar, volar, navegar. Espero que la escritura de este libro funcione como el registro poético de un transitar siempre errante. Además, en los viajes se mide de otra forma el tiempo y el espacio. El relato de viaje es un relato vector, que sigue una flecha secreta en el tiempo, en las experiencias vitales y literarias, donde lo mismo toma cuerpo lo vivido que lo imaginado, lo temido o lo soñado”.

–En «Destinos errantes», algunos lugares, como La Habana, Sarajevo, Israel, son zonas donde la erosión política está más presente. Con respecto a las decisiones políticas que debe hacer la letra al registrar, ¿cómo te posicionas al tratar con temas tan sensibles o políticamente peliagudos?

“Soy consciente de entrar a estas fronteras polémicas, y lo primero que quise fue hacerlo sin slogans, sin propagandas, y reconocer algunas narrativas. No me acerqué a estos lugares como cientista política sino como una autora atenta a las narrativas de personas específicas. Y te das cuenta que en las zonas conflictivas estas narrativas son tan poderosas, circulan versiones de la historia que se contraponen. Acá tomo las palabras de la escritora camerunesa Leónora Miano: ‘La frontera evoca la relación. Habla del encuentro entre los pueblos, a veces con violencia, odio o desprecio, pero siempre generador de sentido’. Tomé testimonios como materiales, entre otros, de las crónicas. Y ahí se presentó un problema nuevo para mí: ¿cómo trabajo con voces reales de otros? Hasta el momento siempre había trabajado con ficción, de modo que yo era dueña de la vida de los personajes. Pero ahora me preguntaba cómo trabajar con estas confesiones tan dolorosas e íntimas con respeto humano y libertad creativa. Intenté apostar por la belleza al componer el texto, con un lenguaje cuidado, con sumarlos a mi constelación afectiva para estar a la altura de los relatos de duelo de padres e hijos que perdieron a los suyos en el conflicto palestino-israelí. O bien, de un poeta que me entregaba su testimonio de enfermedad en un agresivo cáncer y sufrimiento por una historia de desarraigo y sus tensiones con Chile por la violencia y el saqueo durante la guerra del Pacífico. Y en una Sarajevo arrasada, encontrar una hebra de humanidad en una familia que apostó por poner un túnel en el patio de su casa para salvar vidas. Todos ellos cargan con el dolor y la muerte, la experiencia más rotunda del ser humano”.

“Además, son historias con ecos personales. Por ejemplo, ir a Sarajevo fue desolador porque fue ir a buscar tu lugar de origen y este lugar figuraba en ruinas. La dirección de una casa familiar estaba convertida en un cementerio con lápidas de personas jóvenes muertas entre 1994 y 1997. Todo había sido borrado de la faz de la tierra durante la última guerra de los Balcanes. Fue el primer texto, el que yo siento como arte, poética o manifiesto… fue como recobrar unos pedacitos del espejo y mirarse de otra forma en el azogue familiar”.