Destinos errantes - El Boomerán

"Disturbing travel stories of a woman who asks for neither forgiveness nor permission" —Roberto Herrscher

 

 BLOG DE ROBERTO HERRSCHER

Destinos errantes de Andrea Jeftantovic en seis cruces de palabras

Se nota en la prosa de Andrea Jeftanovic “la lectura atenta de los clásicos de su tierra, Chile, y sobre todo la voz de los poetas, que brinca y serpentea en su prosa.” Esto dije de su colección de crónicas viajeras Destinos errantes en la presentación en la Furia del Libro el mes pasado. Y en la revista de libros Ojo en Tinta, donde salió publicada ayer mi presentación transformada en reseña.

 1.      Mujer y viajera – Novelista, cuentista, académica de la Universidad de Santiago, estudiosa de la literatura, experta en Damiela Eltit… y viajera. Andrea Jeftanovic pertenece a esa cofradía que mujeres que viajan para contarlo, acompañadas o solas. Y muchos de esos viajes hacia el conocimiento del mundo y de la complejidad de las sociedades actuales están contados y reflexionados en su relato de no ficción Destinos errantes. No es un manifiesto feminista, pero es un valioso autorretrato de la viajera que no pide perdón ni permiso, que se anima en esquinas peligrosas, en países en conflicto, y se encara con los machistas. Los viajeros por muchísimos años eran los hombres: los Ulises. Sus Penélopes los esperaban tejiendo y destejiendo sueños. Esta Penélope viajera se adentra en la Cuba de la postrevolución (Sin embargo, Cuba), por ejemplo, y se acuesta oronda en la cama donde, dicen, durmió Fidel su sueño de la revolución de los barbudos.  

 2.      Centrípeto y centrífugo – Andrea Jeftanovic lo explica bellamente: viajar es otra forma de leer: leer para mirar el mundo y entenderse a uno mismo. Viajar para cambiar y para encontrarse. Movimiento hacia adentro y afuera. Por eso usa la metáfora de los movimientos con los ojos para afuera, como queriendo salirse de su órbita, y hacia adentro, mirando cada vez con más atención el propio centro. Así viaja al Rio de Janeiro de Clarice Lispector (Los Ríos de Clarice Lispector), a los paisajes y calles y parques de sus novelas y a la forma de mirarse como mujer después de leer a la gran escritora brasileña. Este capítulo de búsqueda del mundo interior de la buceadora de lo íntimo para encontarse en calles ajenas es bello y profundo.   

 3.      On campus y Off campus – en California, la estudiante Andrea desmelena su cabellera leonina en noches de juerga y música y en clases con famosos académicos. Vivir la juventud y leer hasta desgañitarse las lagañas. Es muy original su relato de la experiencia de alumna universitaria pasando párrafo a párrafo de la vida en las aulas y en las noches (California al desnudo). El lado A y lado B de la vida. La experiencia de estudiar y de vivir como estudiante en su seria y salvaje variante norteamericana.  

 4.      Palestino-israelí y serbo-croata – En Tel Aviv y Jerusalén hablando con ciudadanos de ambos bandos del miedo en el conflicto eterno de Medio Oriente (El círculo íntimo palestino-israelí). Y en el túnel de Sarajevo, donde transita en el viejo camino para soportar el asedio serbio, obtener comida y medicina y tratar de mantener viva una ciudad que fue encuentro de culturas (Sarajevo underground). Lo hace usando otra estructura original: sumergiéndose en círculos del infierno dantesco. En estas dos zonas dolidas esta descendiente de judíos y de serbios se busca en los orígenes. Su relato se entreteje con visitas a la biblioteca de su barrio, al mundo de judíos y palestinos y serbios y croatas en Chile. Y a un recuerdo de infancia: En el antiguo Club Yugoeslavo, que expulsa a su familia serbia cuando se convierte en Club Croata. Los antiguos amigos de la piscina hoy son enemigos. En vez de lamentarse o insultar, la cronista viaja para entender el origen de esos odios que llegan tan lejos.

 5.      Memoria y relato – Dos hermanos ciclistas. Uno detenido desaparecido que alucina con reparar bicicletas tras la tortura: algo tan prosaico y pequeño hace más terrible el horror. Y la escena del hermano, que en la tele de la dictadura aparece entrevistado tras ganar la vuelta ciclística a Chile. Dice que se lo dedica a su hermano desaparecido. La pantalla se va a negro. Como tantas historias mínimas que cuentan las tragedias de países lejanos, esta acerca el silencio escalofriante de la dictadura a los lectores actuales (Pájaros de acero). Es un viaje desde su propio recuerdo de niña de tres años el 11 de setiembre de 1973 para entender el pasado y entendernos en él.

 6.      Errante y chilena.  En el título del libro se puede intuir una de las identidades de la autora. Aunque se asiente y se asimile y enriquezca la tierra a la que llega, el judío es un ser errante, en constante búsqueda. El viajero en el fondo es un sin patria. Pero Andrea Jeftanovic es siempre y muy cariñosamente chilena. Se nota en su prosa la lectura atenta de los clásicos de su tierra, y sobre todo la voz de los poetas que brinca y serpentea en su prosa. Es desde este fin del mundo, desde este rincón curioso abierto al mar y a la montaña Por eso estas historias de cuatro continentes son historias de una mirada, de una tierra, de una generación, de una identidad que se construye viajando. En Destinos errantes viaja lejos teniendo siempre el terruño propio como faro.